Corporación de Estudios Sociales y Educación
Santiago de Chile, miércoles 18 de septiembre de 2019

El Mercurio, sección Urbanismo y construcción: «Uso de los espacios públicos: más allá del miedo», por Olga Segovia, Arquitecta, Investigadora de SUR, Corporación de Estudios Sociales y Educación


Arquitecta, Investigadora de SUR, Corporación de Estudios Sociales y Educación


 


En un clima de «combate», que insiste en la desconfianza hacia los otros, en que predomina la construcción del temor y que insiste en consolidar un imaginario en el cual lo mejor es encerrarse, no exponerse -el auto bien cerrado, la casa bien enrejada, el barrio vigilado-, los espacios públicos constituyen una amenaza que ha llevado a separarlos de manera tajante del mundo individual y familiar. Y por otra parte, el refugio en lo privado, manifestación de la inseguridad colectiva determina una nueva forma de vivir la ciudad y de relacionarse en ella, una manera marcada por la pérdida de los espacios de interacción social, de los lugares donde se construye la confianza colectiva.


Afortunadamente la vida en la ciudad tiene otras caras. Así lo muestran los resultados alcanzados en la investigación «Espacios públicos urbanos y construcción de capital social», realizada por SUR y auspiciada por Fondecyt, que estudió el uso de dos parques en Santiago (los Reyes y Forestal) y una pequeña plaza construida con la comunidad en Calama. Estos tres espacios públicos son ocupados intensamente por familias, vecinos y grupos que desarrollan distintas actividades: paseos, malabarismo, picnics, juegos y música.



En primer lugar, que quienes menos frecuentan los espacios públicos más les temen. Se concluyó que la gente que de verdad utiliza los espacios públicos experimenta hacia ellos sensaciones que convencionalmente se vinculan a los espacios privados: 37,9 por ciento de los encuestados señala que el espacio público que ocupa le produce alegría; 17,5 por ciento, cariño; 13,3 por ciento, orgullo; 9,4 por ciento, paz y tranquilidad, entre otros aspectos positivos. En todos los casos aparece que los espacios públicos han contribuido a una mayor sociabilidad de sus usuarios.


Proporciones cercanas al 60 por ciento de las personas señala que estos espacios les han permitido compartir más con la familia y en actividades más placenteras que las ordinarias, les brindan la posibilidad de encontrarse con vecinos y conocidos y, además, conocen gente nueva.

Muchas lecciones


Lo anterior parece contradecir algo que se ha erigido en el sentido común: que el uso del espacio público es antagónico a la vida familiar (protección versus peligro, convivencia versus dispersión). Si en la vida doméstica se desarrollan habilidades que pueden fortalecer la sociabilidad, el espacio público ofrece un escenario privilegiado para el enriquecimiento de vínculos privados. Un ejemplo de esto es el gran valor que atribuyen los entrevistados a las oportunidades de recreación y esparcimiento junto a sus hijos que les ofrecen parques y plazas. Esto es de enorme importancia en el caso de familias cuyas viviendas son extremadamente pequeñas y, muy en especial, en el caso de blocks de departamentos.



Otra opinión generalizada es que la gente deteriora los espacios públicos o los ha abandonado. Sin embargo, lo que el estudio mostró fue un alto grado de compromiso de las personas con los espacios públicos que frecuentan o de los cuales son vecinos. Así lo manifestaron, de una u otra manera, tanto los dirigentes vecinales de los sectores adyacentes a los parques, como los grupos más protagónicos en cuanto a su uso. Ello sin perjuicio de que, a la vez, hagan uso de otros lugares, como los centros comerciales.



Por otra parte, frente a la tan reiterada relación entre espacios públicos e inseguridad, muchas de las personas encuestadas manifestaron que se sentían seguras en los espacios públicos que usan, particularmente en el día y en los fines de semana. Por ejemplo, todos los usuarios del Parque de los Reyes, entrevistados un día domingo en la tarde, manifestaron sentirse seguros. Esta forma de apropiación de los espacios públicos en muchas ciudades del mundo ha obedecido incluso a iniciativas planificadas y promovidas por grupos de vecinos o por organizaciones locales.



La inseguridad no es entonces una realidad uniforme, en algunos casos apocalíptica, sin matices y, por tanto, sin posibilidades de ser intervenida.


En resumen. Los espacios públicos vinculan la vida privada con el mundo público; desarrollan habilidades que pueden ser usadas tanto en un plano como en otro; son altamente frecuentados y apreciados por quienes los usan y quienes habitan en su entorno, y sus usuarios sienten en ellos una confianza que poca relación parece tener con el «escenario de guerra» en que los discursos usuales suelen transformarlos. Es decir, suceden cosas buenas en la ciudad, aunque no sean perfectas, y es posible fortalecerlas y multiplicarlas.



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