Corporación de Estudios Sociales y Educación
Santiago de Chile, domingo 17 de noviembre de 2019

El Mostrador: «Elemental: La historia del proyecto que dignifica la vivienda social chilena», por Lino Solís de Ovando G.


Elemental, La historia del proyecto que dignifica la vivienda social chilena


Pablo Allard, vocero de la iniciativa, revela pormenores del proyecto que podría ser exportado. Con el plus de haber dignificado la vida de 100 familias iquiqueñas, cuestiona la política habitacional de los últimos años, y afirma que »la actual vivienda social demuestra la crisis de la arquitectura».

Tuvo que ser un ingeniero, Andrés Iacobelli, el que a través de una interrogante planteada a sus amigos y arquitectos, Pablo Allard y Alejandro Aravena, lanzara el germen del cambio para uno de los aislados replanteamientos a la política de la vivienda social chilena de los últimos 20 años, el proyecto Elemental.

Una iniciativa que la Pontificia Universidad Católica de Chile, por medio de su Programa de Políticas Publicas y las escuelas de Arquitectura e Ingeniería, y con el apoyo de un fondo de investigación de Conicyt del gobierno, lideran la Iniciativa para la innovación y construcción de siete conjuntos de viviendas de muy bajo costo en Chile. La idea es desarrollar nuevas tecnologías constructivas y el diseño de viviendas y comunidades para guiar el futuro de los proyectos de vivienda económica en Chile y, quién sabe, en el extranjero.

Pero, ¿cuál fue la pregunta de Iacobelli? Pablo Allard, arquitecto y jefe de comunicaciones de Elemental, recuerda que ‘’el proyecto surgió prácticamente de una casualidad. Estudiando afuera, coincidimos Iacobelli, Aravena y yo, y en una conversación sobre el buen estado de la arquitectura chilena, Aravena y yo pensamos que debíamos hacer algo para mostrar eso en el extranjero. Una exposición, algo así. Pero de repente Iacobelli -que es un ingeniero, que fue también director ejecutivo del Servicio País- dice: si la arquitectura chilena es tan buena, ¿por qué la vivienda social es tan mala? Y eso nos dejó pensando, y nos dimos cuenta de que ahí había un desafío que asumir’’.

El diagnóstico de Iacobelli podría ser representado a través de la investigación de los arquitectos urbanos Ana Sugranyes y Alfredo Rodríguez, que estableció –a través del análisis de 89 conjuntos habitacionales, un total de 202.026 viviendas financiados por el Ministerio de Vivienda, entre 1998 y el 2001, y la aplicación de una encuesta a 1.700 residentes-, que si bien durante el gobierno del Presidente Ricardo Lagos las dimensiones de la vivienda social han crecido, pasando de 36 metros cuadrados a un promedio de 40 metros cuadrados, todavía la edificación mantiene las condiciones de hacinamiento para esta no menor porción de chilenos que deben habitar este tipo de construcciones.

Al mismo tiempo, el informe realizado por Sur calculó un espacio promedio de 34 metros cuadrados para la vivienda básica de las últimas dos décadas, así como un espacio de 8 metros cuadrados para los 4,5 habitantes promedio que están obligados a sobrevivir en dicha reducida construcción. Una difícil realidad que podría ser resumida en una de las principales conclusiones del estudio: ‘’la satisfacción por la casa propia, tan anhelada, se desvanece rápidamente en el transcurso de los dos o tres primeros años de morar en la vivienda’’.

Déficit 0

Hoy el diagnóstico de Iacobelli ha dado paso a una nueva percepción de parte de Allard, sobre todo cuando las bondades del proyecto Elemental son demostrables más allá de las fronteras de los planos de arquitectura, en una realidad concreta en Quinta Monroy, en Iquique, donde el pasado 14 de diciembre se inauguró el fruto de la erradicación de 100 familias que durante los últimos 30 años ocuparon ilegalmente un terreno de 0,5 hectáreas en el centro de la ciudad.

‘’Así fue como comenzamos a pensar cómo podíamos retomar al tema de la vivienda social desde la arquitectura, a partir de la reflexión de que, obviamente, debido a la urgencia que siempre ha tenido la vivienda, desde los años 70 en adelante, cada vez ha habido menos espacio para la innovación y la preocupación espacial de las viviendas, poniendo el énfasis en la producción. Eso puede ser entendible dentro de un contexto de urgencia, pero cuando esa urgencia comienza casi a ser sobrepasada, tal como dice la Cámara Chilena de la Construcción, que calcula que la demanda de aquí a 10 años va a ser déficit 0, entonces, ya es hora de comenzar a cuestionarse los temas cualitativos’’, reflexiona Allard.

El director de comunicaciones y jefe de la Línea Ciudad, territorio y Medio Ambiente del proyecto, recuerda que curiosamente en paralelo a la reflexión del fenómeno de la vivienda social, ‘’apareció la polémica por las casas plásticas, el escándalo Copeva, y una nueva política habitacional del gobierno, que nos abrió una ventana de oportunidad que nosotros quisimos tomar, que es la Vivienda Social Dinámica Sin Deuda, enfocado al quintil más pobre de la población, el más difícil, el más duro. La tarea era que con un subsidio de 300 UF por familia, había que hacer una vivienda que fuese capaz de crecer con el tiempo, y que asegurara una calidad mínima’’.

Los primeros pasos de Elemental no fueron fáciles. Involucrados en la dinámica de la estrenada modalidad de la Vivienda Social Dinámica Sin Deuda, a fines de los 90, descubrieron que pese a que participaban las entidades organizadoras (ONGs) con los pobladores que se organizaban, finalmente todo quedaba en manos de ‘’las constructoras y de las municipalidades. Y como los márgenes en la vivienda social eran tan limitados, entonces la opción siempre fue buscar terrenos más baratos, para reducir la variable costo y poder entregar una casita mejor.

«El tema es que los terrenos baratos están lejos de los centros urbanos. Eso significa relegarse a la periferia. Cosa que no es deseable, porque aumenta las distancias de locomoción al trabajo, y porque genera ghettos. Por otro lado, teníamos el problema de que si densificábamos, si reducíamos la variable del costo del terreno, al poner una casa arriba de la otra, hacer un edificio de departamentos, no podían crecer. Entonces, llegamos a la conclusión de que necesitábamos resolver un dilema espacial, y para eso no servía una solución de constructora ni de ingeniería’’, explica Allard.

Mitad de una casa de clase media

El experto añade que el anterior escenario los llevó a la conclusión de que la vivienda social ‘’es irreductible, porque ya se ha llegado a un producto casi perfecto, que no puede ser más barato. Sin embargo, nunca se había pensado que el costo por la estructura es muy cara por los temblores. Entonces, pensamos que si la universidad podía ser capaz de innovar por el lado del diseño arquitectónico, también debía ser capaz de hacerlo por el lado estructural.

«Así nos asociamos con la Escuela de Ingeniería y el Programa de Políticas Públicas de la Universidad Católica de Chile, y postulamos a un proyecto Fondef de Innovación en Vivienda Social, en el cual íbamos a desarrollar, por un lado, esta nueva tipología de vivienda en lo arquitectónico, y al mismo tiempo una serie de productos de punta, como aisladores sísmicos, que permitieran reducir el costo de la estructura e introducir piezas prefabricadas’’.

-Mas que entregar la típica casa, ¿ustedes desean entregar media casa, pero de mejores condiciones?
-La idea es en vez de entregar un esqueleto de casa, entregar media casa de clase media, por así decirlo, de buen estándar. Porque el programa de Vivienda Social Dinámica Sin Deuda contempla desde un inicio que son las familias las que terminan de ampliar las casa. Pero que el módulo base no fuera algo rasca, era algo importante para nosotros.

-¿Consideras que durante muchos años se entregó un producto horrible?
-No horrible, sino insuficiente en términos cualitativos y técnicos. Pero acorde a las necesidades del momento. Había un déficit tremendo, por eso se llamaban soluciones habitacionales, porque no les da siquiera para hablar de vivienda. Pero también hay que destacar que la política chilena ha sido innovativa en algún sentido, porque el Estado dejó de ser un constructor de blocks.

«Ahora, es evidente que hace falta el cambio cualitativo. Ya los tiempos no están para seguir entregando soluciones de mala calidad. Una vivienda no es un auto. No se puede entregar como un auto del año que se va desvalorizando. Los inmuebles siempre tienden a valorizarse, cosa que no pasaba en la vivienda social. El día de mañana la familia si logra emerger, no va a poder vender esa vivienda. No existe un mercado secundario de la vivienda social.

-¿Qué sucedió con el trabajo de las constructoras durante todos estos años? Porque la innovación que ustedes llevan a cabo, podría haber sido realizada por ellos.
-Lo que pasa es que los márgenes de rentabilidad en vivienda social no son tan altos. No habían incentivos para innovar. Además, el Estado tiene una agenda que no le da la posibilidad de reflexionar. Por eso es importante cómo se suma la universidad como tercer sector.

Pocos recursos para el Colegio

-La llegada del tercer sector como centro de debate frente al tema es importante, pero ¿qué sucede con el Colegio de Arquitectos, que debería tener quizás una posición más activa?
-El Colegio vela por el buen ejercicio de la profesión, es una organización gremial, y como tal representa los intereses de los profesionales. Pero yo no tengo una visión crítica del Colegio, porque conozco sus limitaciones. No tienen la capacidad de hacer investigación, como sí lo tienen las universidades. Dentro de lo que han podido, han aportado a la reforma urbana. Y en el caso nuestro, ellos fueron patrocinadores importantes.

-Pero el gremio podría tener una actitud más activa en estos temas.
-Eso tiene que ver más con la disciplina que con la organización. La arquitectura, como profesión, yo siento que está en una cierta crisis. En que tiene que renovarse ante las demandas del medio y de la sociedad. Hay un momento en el cual los arquitectos comenzamos a renegar de ciertos aspectos técnicos de la profesión. Y derivamos en forma excesiva hacia los aspectos más estéticos. Eso ha terminado en que en los debates más importantes en infraestructura, de ciudad, etc., los arquitectos tengamos una palabra de decoradores urbanos y no de fondo; que el tema de vivienda haya sido asumido más por economistas o ingenieros.

-El estado actual de la vivienda social demuestra el estado actual de la arquitectura chilena.
-Por supuesto, es una demostración de la crisis de la arquitectura chilena, y que está en todas partes. Pero yo soy optimista, y espero que ahora que los aspectos cualitativos importan, podamos reencontrarnos con estos temas.

-¿Los arquitectos se han metalizado demasiado?
-Lo más divertido es que ojalá fuera así. Una tendría cierta razón: se dedicaron a ganar plata. Pero son tres o cuatro los famosos. Nosotros estamos preocupados de la baja que han tenido las entradas de los nuevos alumnos. Yo creo que esto tiene que ver más con variables mundiales. Todavía está la imagen del arquitecto volao, al que le dicen hazme un monito. El arquitecto es un profesional que tiene que retomar su autoridad técnica. Por eso mismo nuestra labor no tiene que ver con la caridad, sino con un desafío técnico, intelectual. Y si la pega tiene que ver con meterse en los temas duros, bienvenido. Pero Elemental no es un apostolado.


 


 



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