Corporación de Estudios Sociales y Educación
Santiago de Chile, jueves 19 de septiembre de 2019

La Nación Domingo: «Los problemas de la vivienda social en Chile. Casas de juguete», por Jimmy Alexis

Los problemas de la vivienda social en Chile. Casas de juguete

Aunque
más vale tener una casa chica que vivir allegado o en la calle, para
cientos de chilenos no es ninguna gracia que su hogar se llueva, tenga
problemas estructurales y que hasta el vecino escuche cada vez que va
al baño. El libro “Los con techo…” desnuda las pésimas condiciones en
que vive casi un millón de personas en las viviendas sociales.

Nación Domingo
Jimmy Alexis Quintana

Tras
años de arrendar y vivir en campamentos, el año 2001 Yolanda Parada,
presidenta de los vecinos de la Villa el Resbalón en Cerro Navia,
recibió con una desbordante alegría la noticia. Luego de cuatro
postulaciones había sido beneficiada con un departamento del Serviu.
“Fue el logro más importante de mi vida, por eso quiero darle las
gracias al Gobierno por mi departamento, aunque sea chico”.

Tras
un mes de vivir en su nuevo hogar de 42 metros cuadrados, la señora
Yolanda se empezó a dar cuenta de que su casa no era ni tan linda ni
tan cómoda como ella deseaba: “Todo era chico, no había espacio. Tuve
que deshacerme del living y muchos otros muebles, porque simplemente no
cabían”.

El primer nivel de su casa reúne tres muebles pegados a
la pared, un comedor, un sillón, una escalera y unas plantas. Nada más.
Pero ha tenido que acostumbrarse. Yolanda tiene 66 años, vive junto a
su pareja con un ingreso mensual menor a 75 mil pesos. Pese a ello, nos
recibe en su hogar con toda la amabilidad del mundo, nos ofrece un
delicioso café, e insiste en que nos sirvamos unos contundentes panes
con mortadela. La casa es chica -con siete personas dentro está llena-,
pero el corazón es grande. Estos son los problemas que trata el libro
“Los con techo: un desafío para la política de vivienda social”,
publicado por Sur y editado por los arquitectos Alfredo Rodríguez y Ana
Sugranyes, secretaria general de la ONG Habitat International Coalition
(HIC).

NICHOS HABITABLES
Según los
editores, si hace 20 años el problema al que respondían las políticas
de vivienda social era el de las familias “sin techo”, hoy el problema
de la vivienda ha cambiado y radica en las familias “con techo”, ya que
las estrategias habitacionales de las últimas décadas han sido
deficientes en cuanto al tamaño y calidad, y no han tenido un criterio
urbanístico, arquitectónico o de diseño, lo que finalmente ha
desembocado en que estas viviendas no satisfacen las necesidades para
la vida digna de las familias.

“Hubo una
construcción masiva de viviendas sociales en los ’90, que era
necesaria; el problema es que esa política ha sido permanente y no se
han monitoreado sus efectos: no se sabe qué pasa con la vida de estas
personas social, económica y culturalmente, si están cómodas, y los
efectos que traen para la ciudad estas construcciones masivas”. Además,
Rodríguez señala que, al acceder a un techo, estas personas dejan de
ser pobres por definición, pese a que en realidad lo siguen siendo, “y
ya no pueden acceder a la red de beneficios sociales, que es lo que les
ha permitido subsistir”.

Los estudios de
la Corporación Sur apuntan a que si bien durante el actual Gobierno las
dimensiones de las viviendas han crecido de 36 a 40 metros cuadrados en
promedio, aún se mantienen las condiciones de hacinamiento con 4,5
habitantes promedio por vivienda, lo cual trae graves efectos
sicológicos: “La satisfacción por la tan anhelada casa propia se
desvanece durante los dos o tres primeros años de morar en la vivienda.
El 64,5% de los usuarios quieren irse, mientras el 90% siente miedo y
vergüenza de su barrio. Además, el emplazamiento de poblaciones con
viviendas sociales coincide con las zonas que concentran la mayor tasa
de denuncias de violencia intrafamiliar”.

Para
Rodríguez, el fenómeno de la violencia intrafamiliar, si bien tiene que
ver con el poco espacio de las viviendas, mayor es la influencia del
contexto en que se encuentran. “En países como Dinamarca, las viviendas
sociales son de un tamaño similar a las nuestras, pero hay una
preocupación por la calidad de vida, hay hermosos jardines, guarderías
para los niños, y hasta un pequeño hotel para las visitas que no caben
en las casas”. El arquitecto agrega que tras 20 años, aún las viviendas
no se diseñan para poder ser ampliadas con el tiempo: “Es algo
realmente estúpido, porque todas las familias crecen. Además, es
deprimente la falta de diseño, imaginación, tecnología; en fin,
preocupación por quienes viven allí”.

ES LO QUE HAY
Según
datos aparecidos en “Los con techo…”, el 90% de los residentes de
viviendas sociales han realizado alguna obra de mantenimiento, con sus
propios recursos, “como instalación de rejas -que muestra la
preocupación por la violencia en el barrio-, pintura y cambios mayores,
como el piso, que muestra el proceso de deterioro de los inmuebles”.
Además, el 40% de los residentes invierten en ampliaciones de sus
viviendas, con un promedio de 16,5 metros cuadrados.

Justamente
el tema de las ampliaciones -que en el fondo son una manifestación de
la precariedad de las viviendas- se transforma en un “círculo vicioso”,
según el presidente del Colegio de Arquitectos, Juan Sabbagh, “porque
son ilegales, pero se hacen igual, pues la vivienda no es capaz de
acoger las necesidades de las familias, y también son un peligro desde
el punto de vista técnico: no siempre están hechas por profesionales, y
nadie asegura que puedan resistir un sismo”. El arquitecto explica que,
en el fondo, los residentes arreglan lo que pueden, siempre
conformándose con lo que hay.

Y hablando
de lo que no hay, Sabbagh critica la falta de espacios públicos
adecuados en estos conjuntos de viviendas. “Se necesita un espacio de
encuentro para las personas, donde haya vida comunitaria, se genere
cultura, pertenencia e integración social”. Muy por el contrario,
explica el arquitecto, cuando existen estos espacios, su mal diseño y
falta de iluminación, entre otras cosas, los transforman en un foco de
deterioro, “se tornan en espacios abandonados, focos de basura y
enfermedades, donde deambulan los perros vagos, favoreciendo la
delincuencia y la drogadicción. Ya se construyó una cifra importante de
viviendas. Y el terremoto del norte y los temporales nos han mostrado
que el problema es la calidad y la habitabilidad. Estamos en un punto
de inflexión entre los sectores que se han desarrollado y los que no, y
éste es el que hay que impulsar”.

EL VATER DEL VECINO
El
tema de la vivienda social siempre está asociado a la pobreza, y esto
lo sabe bien la señora Clara Garrido, que también vive en la Villa
Nueva Resbalón. A sus 48 años agradece que de su grupo familiar
original de cinco personas vayan quedando dos, “porque la situación
económica está muy mala. Mi esposo trabaja como obrero de la
construcción por el sueldo mínimo (alrededor de 127 mil pesos), y
cuando se acabe la obra quedará cesante”. Al igual que la señora
Yolanda, la señora Clara pasó de una gran alegría en la entrega de su
vivienda a una gran tristeza: “Era demasiado chico, tuve que deshacerme
de muchas cosas, no me cabía el living, no tenía patio, jardín ni dónde
tender la ropa, daba dos pasos y topaba con algo… incluso estuve con
depresión”.

De acuerdo a organizaciones de
pobladores, de las más de 200 mil viviendas sociales de Santiago, casi
un 30% presentan daños estructurales, se llueven o tienen problemas
eléctricos. “Cuando llueve, el agua corre por los pasillos y no son
pocos los vecinos que se llueven”, indica la señora Clara. Para ella,
un gran problema es la contaminación acústica, ya que sus vecinos se
pasan el día escuchando a todo volumen desde la típica cumbia, pasando
por el reggaetón, hasta el heavy metal. Pero debe soportar sonidos
peores, ya que desde el piso de arriba se escucha un ruido
inconfundible cada vez que tiran de la cadena del baño: “Es súper
incómodo, porque a veces estás almorzando y escuchas el sonido de la
cadena. Te quita el apetito al tiro”. Un claro ejemplo de la escasa
dignidad que ofrecen las llamadas “viviendas sociales”. LCD

Fuente:
http://www.lanacion.cl/prontus_noticias/site/artic/20050813/pags/20050813165300.html



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